El retrato ecuestre del rey niño Carlos II del Museo de Cádiz se exhibirá en una exposición temporal del Prado
La obra fue donada por una de las pintoras más destacadas del panorama artístico andaluz el siglo XIX, la gaditana Alejandrina Gessler de Lacroix (Cádiz, 1831-París, 1907), también conocida por el pseudónimo de Madame Anselma
El retrato ecuestre del niño rey Carlos II, fechado en la segunda mitad del siglo XVII y que forma parte de la colección permanente del Museo de Cádiz, viajará a Madrid para exponerse en la muestra temporal que el Museo del Prado va a dedicar a la reina Mariana de Austria, la primera que la pinacoteca nacional dedica a una mujer promotora de las artes, cuya labor fue fundamental en la conformación de sus fondos.
Debido a ello, el óleo de grandes dimensiones --207x147 centímetros-- está siendo objeto de una restauración integral en las propias instalaciones del Museo de Cádiz, como ha informado la Junta en una nota.
La actuación, financiada por el Museo del Prado, comenzó el pasado abril y concluirá a inicios del mes de noviembre, toda vez que la muestra del Museo del Prado tiene previsto abrir sus puertas al público el 1 de diciembre de 2026 en el espacio reservado a las grandes muestras temporales de la pinacoteca, las salas A y B del edificio de los Jerónimos, donde permanecerá cuatro meses, hasta el 28 de marzo de 2027.
Según ha explicado la consejera de Cultura, Patrimonio Histórico y Deporte, Patricia del Pozo, este retrato ecuestre del joven rey Carlos II, hijo de los monarcas Felipe IV y Mariana de Austria, es "una de las obras más singulares del Museo de Cádiz, que, además, ha sido objeto recientemente de una nueva atribución".
En este sentido, ha avanzado que, aunque durante décadas se consideró que el cuadro era obra del pintor barroco Juan Carreño de Miranda, pintor de cámara de Carlos II, "las últimas investigaciones realizadas por los especialistas han concluido que se trata de una obra del círculo del pintor de cámara Sebastián de Herrera Barnuevo, que se formó en el taller del fundador de la escuela granadina de pintura barroca, Alonso Cano".
La obra fue donada por una de las pintoras más destacadas del panorama artístico andaluz el siglo XIX, la gaditana Alejandrina Gessler de Lacroix (Cádiz, 1831-París, 1907), también conocida por el pseudónimo de Madame Anselma.
La coleccionista, pintora y escritora donó a la Academia de Bellas Artes de Cádiz --institución de la que ella fue miembro destacado y de la que dependía la gestión del Museo Provincial de Bellas Artes-- varios cuadros de su autoría, entre los que se encuentran 'La adoración de la cruz', que actualmente está expuesto en el Museo de Cádiz. También cedió algunas obras de su colección particular, entre las que destacan el citado retrato ecuestre de Carlos II, así como el 'Ecce homo' de José de Ribera 'El Españoleto'.
El óleo solicitado por el Prado, que está siendo restaurado por especialistas de la empresa Batea, representa al rey niño Carlos II de unos ocho o nueve años de edad, cabalgando sobre una jaca castaña, ataviado con calzón y jubón verde oscuro. Sobre la cabeza lleva un sombrero de fieltro negro, adornado con plumas blancas de avestruz, porta guantes y calza botas altas.
Luce una abundante cabellera clara, probablemente una peluca, y cruza su pecho una rica pieza de pasamanería de oro, análoga a la del traje, con hebilla, de la que pende la espada. En la mano derecha lleva una bengala. Además de fondo se observa un paisaje con caserío.
La obra hay que encuadrarla dentro del nuevo modelo de retrato oficial creado por el pintor de la corte de Carlos II Sebastián de Herrera Barcnuevo, que responde a una intención de exaltación del joven rey, muy unida a la propaganda política de la Monarquía de los Austrias, como indica el profesor de la Universidad de Alcalá de Henares, Álvaro Pascual Chenel, en su artículo publicado en el número 310 de la revista 'Archivo Español De Arte'.
RESTAURACIÓN DEL CUADRO
Según recoge el informe de restauración, la obra, compuesta por dos piezas de lienzo unidas verticalmente, ha sido objeto de diversas intervenciones anteriores, si bien de carácter incompleto, resultando algunas de ellas inapropiadas.
Además, en determinadas áreas, la obra presenta repintes, habiéndose documentado la eliminación del barniz original en amplias áreas de la obra.
los especialistas han documentado una rotura a la altura del vientre del caballo que, en una intervención anterior, fue disimulada mediante un repinte sobre la pintura original, que se ha vuelto evidente con el paso del tiempo.
También se ha observado un rasguño con pérdida de pintura sobre el repinte mencionado, además de un gran injerto en el lateral izquierdo del hocico del caballo, cubierto en una primera fase por un temple y en una segunda por los pigmentos al barniz que cubren toda la obra.
Entre las tareas que se están llevando a cabo destaca la limpieza y el tratamiento curativo de la tela, los tratamientos preventivos y de protección del bastidor, la eliminación de las aplicaciones de color que afectan a toda la obra por la excesiva intervención de repintes, la fijación de la policromía, la reintegración de áreas faltantes tanto por pérdidas de la película pictórica como por la corrección de retoques mal ejecutados directamente sobre el original; la eliminación de la capa externa de barniz, el estucado de las zonas que lo requieren y, finalmente, la aplicación de un barnizado final de protección para matizar los brillos y como forma de preservar la pieza.
Para la Junta, resulta de "especial interés" destacar que el comienzo de la eliminación de barnices superficiales ha permitido constatar una intervención extendida por toda la obra de pigmentos con barniz, en la que se crearon nubes que no existían en toda la extensión del cielo, además de aplicar color sobre la superficie completa del caballo y en todo el paisaje inferior.
De este modo, la figura de Carlos II fue la única que se libró de este repinte generalizado.
La intención de un amanecer se convirtió durante años en una mezcolanza de impresiones de un cielo sin definir, posiblemente intentando asimilar esta obra al retrato del príncipe Baltasar Carlos a caballo de Velázquez. Así, lo que parecía ser la capa de preparación de la obra ha resultado ser la base de la tonalidad del cielo.
En esta identificación ha tenido una influencia básica el descubrimiento de la obra, atribuida a Herrera Barnuevo, adquirida recientemente por Patrimonio Nacional, que presenta un retrato ecuestre del niño-rey Carlos II que se presenta como casi idéntica a la del Museo de Cádiz.
